25 ene. 2011

brenda ascoz

Pues bien, entonces

permitamos que se ablanden nuestros huesos. Quiero

-¿no es acaso adaptación?- un coxis

ligero y unas falanges capaces de fundirse en el agua,

de viajar en ella. Quiero un rincón donde piedra y alma

puedan abrazarse y el color cobrizo

de la copa de un árbol.

Qué mejor regalo que este deshacerse

en un flashmob multitudinario las tablas de Moisés

y todos

los mandamientos escritos por todas

las religiones del mundo, todos los poemas

sustanciados en uno solo y solo poema

inmune

a la rotura y al sueño,

al verso, al encabalgamiento y al sueño,

los huesos

en disposición aleatoria, los colores

cálidos, la magia

sobre el lienzo en blanco.