4 abr. 2012

grassa toro - el pesimista




Entornada
que llegue desde fuera o entre por la ventana
ni puede distraerme ninguna otra atracción
no puedo dedicarme a otra cosa por eso
pues tengo el ojo izquierdo cerrado por completo.
Y notando al tocarla impresión de frescor
con tres dedos, asiendo la armadura metálica
sujeto el palillero tumbado, en equilibrio.
Se acerca, y si se queda prendida una pestaña
pero todo va a más si el ojo inquisitivo.
Por uno de los lados, el que se halla a la espalda
por el grosor del vidrio, que está esmerilado
sin duda imperceptible si es que nos guiamos
una fotografía es la vista, delgada.
Con manchas, aunque rojas, no de sangre; de tinta
y en el extremo casi del palillero blanco
visible, aunque pequeña y embutida en lo alto
una bola de vidrio lleva dentro la vista;
apenas separado, a muy poca distancia
al que tengo pegado el ojo bien abierto
en la vista engarzada dentro del palillero
a veces un reflejo momentáneo se inflama.

Una primera versión del poema que feché en los albores
del año 2004 se titulaba “El negativo”.